Claudia Lopera11 de enero de 2025Me ha entretenido más de lo que esperaba; no es una novela placentera en el sentido ligero, pero sí absorbente en su honestidad. Camus construye Orán como un escenario donde lo cotidiano se convierte en prueba: las rutinas hospitalarias, las esperas inútiles, los gestos pequeños que sostienen a la gente cuando todo falla. Esa atención a lo minúsculo —un registro clínico que no se embellece— es precisamente lo que humaniza la narración, y convierte la peste en un espejo donde se reconocen tanto los miedos como las pequeñas dignidades.
La voz narrativa mantiene una distancia reflexiva que evita el sentimentalismo fácil; transmite un juicio sereno sin imponer moralejas. Se agradece la claridad moral que ofrece el relato: no hay soluciones grandilocuentes, sino decisiones cotidianas de entrega y responsabilidad, como la de Rieux y Tarrou; y es en esa suma de actos modestos donde la novela encuentra su consuelo. Camus no pretende consolar en abstracto, sino mostrar que la solidaridad es una práctica. Ese enfoque, comparado con la dureza kafkiana en su capacidad para exponer lo absurdo, resulta más tibio y esperanzador: la analogía con autores clásicos está presente, pero aquí la mirada se abre hacia la comunidad, no solo hacia la angustia individual.
Hay pasajes en los que la prosa se vuelve casi documental, y funcionan: la distancia clínica ayuda a que la emoción aflore sin estridencias. Al mismo tiempo, ciertos momentos exigen paciencia al lector; la narración no acelera para complacencias. Para alguien que aprecia lecturas con peso histórico y filosófico, ofrece mucho material de reflexión sobre libertad, autoridad y responsabilidad colectiva, sin caer en sermoneo.
En definitiva, es una lectura que entretiene por su rigor y por la forma en que mantiene la atención en lo humano durante la adversidad. Deja una sensación de calma inquieta: entretiene porque obliga a mirar, a evaluar pequeñas decisiones y a reconocer que, en tiempos difíciles, la medida de una sociedad está en lo que hacen sus ciudadanos comunes.