Identifícate



Cambiar contraseña:


Fiesta

Ernest Hemingway

Fecha: 1926

Tiempo de lectura: 5h y 26m

Lo he leído
Lo quiero leer
Escribe tu opinión:

Si desvelas partes del argumento, utiliza el botón SPOILER para encerrar el texto correspondiente entre las etiquetas oportunas. Ej:

[SPOILER]Se desvelan partes del argumento[/SPOILER]

Tienes 7.500 caracteres. ¿Necesitas más? ¿Has considerado colaborar con una monografía sobre este libro?

Pulsa tu opinión:

Pulsa aquellos adjetivos que te sugiera esta obra.

Conmovedora
Sorprendente
Profunda
Original
Magistral
Entretenida
Divertida
Interesante
Emocionante
Evocadora
Inspiradora
Adictiva
Alegre
Hermosa
Certera
Ingeniosa
Absorbente
Extraña
Misteriosa
Dramática
Realista
Fantasiosa
Perversa
Absurda
Curiosa
Salvaje
Violenta
Sugestiva
Sesuda
Didáctica
Romántica
Predecible
Lenta
Aburrida
Cursi
Pueril
Frívola
Ofensiva
Deprimente
Confusa
Rebuscada
Falaz
Equivocada
Repulsiva
Deficiente
Espantosa
Vulgar
Críticas de Fiesta
Claudia Lopera28 de noviembre de 2023
Fiesta me resultó, en conjunto, una lectura de claroscuros: hay páginas en las que la precisión de la frase y la economía narrativa alcanzan una brillantez contenida —esa levedad que deja entrever más de lo que dice— y otras donde la acumulación de episodios y las reacciones de los personajes parecen repetir un único gesto hasta agotarlo, dejando la impresión de que la novela no siempre llega a decidir qué quiere ser, si un fresco de una generación o un estudio íntimo; la primera parte, con su París de expatriados y cafés, funciona muchas veces como catálogo social muy bien observado, mientras que Pamplona ofrece momentos de pura intensidad sensorial —la fiesta, la sangre, la música— que sin embargo coexisten con pasajes de psicología forzada y diálogos que subrayan más de lo necesario, y en esa tensión entre contención y exceso reside la irregularidad que me impidió entregarme del todo.
No obstante, hay virtudes que conviene reconocer sin reservas: la manera en que Hemingway capta el lenguaje corporal y las pequeñas renuncias cotidianas confiere verosimilitud, y su mirada sobre la posguerra conserva una frialdad que, cuando se acompasa con un instante bien elegido, se vuelve dolorosa y memorable; a nivel temático la herida de Jake y la libertad ambivalente de Brett trazan un mapa emocional interesante, aunque la novela tropieza al no desarrollar con la misma hondura a los secundarios, lo que crea desigualdades de afecto y distancia que el lector nota; comparo a veces esa austeridad con la de Flaubert por su empeño en pulir la frase hasta la claridad, pero aquí el minimalismo no siempre sostiene el peso dramático y el cierre, demasiado limpio, deja preguntas sin resolver y cierta sensación de fuga. En definitiva, Fiesta merece leerse y releerse por su capacidad de fijar escenas y atmósferas —y por la sinceridad con que describe el desajuste de una generación—, pero conviene acercarse a ella con paciencia crítica: sus aciertos son notables y sus fallos, también, y juntos hacen que la experiencia sea a la vez estimulante y desigual.