Claudia Lopera28 de noviembre de 2023Fiesta me resultó, en conjunto, una lectura de claroscuros: hay páginas en las que la precisión de la frase y la economía narrativa alcanzan una brillantez contenida —esa levedad que deja entrever más de lo que dice— y otras donde la acumulación de episodios y las reacciones de los personajes parecen repetir un único gesto hasta agotarlo, dejando la impresión de que la novela no siempre llega a decidir qué quiere ser, si un fresco de una generación o un estudio íntimo; la primera parte, con su París de expatriados y cafés, funciona muchas veces como catálogo social muy bien observado, mientras que Pamplona ofrece momentos de pura intensidad sensorial —la fiesta, la sangre, la música— que sin embargo coexisten con pasajes de psicología forzada y diálogos que subrayan más de lo necesario, y en esa tensión entre contención y exceso reside la irregularidad que me impidió entregarme del todo.
No obstante, hay virtudes que conviene reconocer sin reservas: la manera en que Hemingway capta el lenguaje corporal y las pequeñas renuncias cotidianas confiere verosimilitud, y su mirada sobre la posguerra conserva una frialdad que, cuando se acompasa con un instante bien elegido, se vuelve dolorosa y memorable; a nivel temático la herida de Jake y la libertad ambivalente de Brett trazan un mapa emocional interesante, aunque la novela tropieza al no desarrollar con la misma hondura a los secundarios, lo que crea desigualdades de afecto y distancia que el lector nota; comparo a veces esa austeridad con la de Flaubert por su empeño en pulir la frase hasta la claridad, pero aquí el minimalismo no siempre sostiene el peso dramático y el cierre, demasiado limpio, deja preguntas sin resolver y cierta sensación de fuga. En definitiva, Fiesta merece leerse y releerse por su capacidad de fijar escenas y atmósferas —y por la sinceridad con que describe el desajuste de una generación—, pero conviene acercarse a ella con paciencia crítica: sus aciertos son notables y sus fallos, también, y juntos hacen que la experiencia sea a la vez estimulante y desigual.