Identifícate



Cambiar contraseña:


El buen soldado

Ford Madox Ford

Fecha: 1915

Tiempo de lectura: 7h y 34m

Lo he leído
Lo quiero leer
Escribe tu opinión:

Si desvelas partes del argumento, utiliza el botón SPOILER para encerrar el texto correspondiente entre las etiquetas oportunas. Ej:

[SPOILER]Se desvelan partes del argumento[/SPOILER]

Tienes 7.500 caracteres. ¿Necesitas más? ¿Has considerado colaborar con una monografía sobre este libro?

Pulsa tu opinión:

Pulsa aquellos adjetivos que te sugiera esta obra.

Conmovedora
Sorprendente
Profunda
Original
Magistral
Entretenida
Divertida
Interesante
Emocionante
Evocadora
Inspiradora
Adictiva
Alegre
Hermosa
Certera
Ingeniosa
Absorbente
Extraña
Misteriosa
Dramática
Realista
Fantasiosa
Perversa
Absurda
Curiosa
Salvaje
Violenta
Sugestiva
Sesuda
Didáctica
Romántica
Predecible
Lenta
Aburrida
Cursi
Pueril
Frívola
Ofensiva
Deprimente
Confusa
Rebuscada
Falaz
Equivocada
Repulsiva
Deficiente
Espantosa
Vulgar
Críticas de El buen soldado
Claudia Lopera 4 de enero de 2022
Me ha dejado fría. Esperaba dejarme zarandeada por esa voz quebrada y esos secretos a medias que prometen tormenta, pero al final la novela ofrece más un frío salón inglés que un huracán: cuidado formal, virtuosismo de flashbacks y un narrador que pretende desentenderse y, en la práctica, desliza su omisión como un velo sin textura emocional.
Ford domina la técnica: el no cronológico funciona y la figura del narrador poco fiable es un hallazgo en su contexto; sin embargo, la distancia que crea entre lectores y personajes se vuelve un obstáculo. John Dowell es interesante como mecanismo —su credulidad y su empeño en no ver— pero no despierta suficiente empatía para que sus descubrimientos resuenen. Las revelaciones quedan más como piezas de museo bien pulidas que como golpes al estómago. La tragedia es fría porque no se siente vivida, sino relatada.
Hay destellos que remiten a la literatura de antaño —a la implacable observación de Flaubert, a la inquietud moral de Tolstói—, pero Ford no siempre combina la observación con la pasión necesaria para que el relato llegue a conmover. En sus mejores momentos se vislumbra el modernismo naciente: fragmentación del tiempo, conciencia del yo y juegos de percepción. En demasiados otros, la seducción formal es acaso un disfraz que evita entrar en la carne de los personajes.
Admiro la ambición técnica y la transparencia con que Ford desvela las fallas sociales y afectivas de su época; aun así, para quien busca la intensidad íntima —esa que deja una marca, una rabia, un remordimiento—, este libro resulta distante. Queda la impresión de haber asistido a un ensayo sobre la tragedia humana más que a la tragedia misma. Si se valora la destreza narrativa, podrá disfrutarse; si se busca conmover, seguirá uno con la sensación de haber leído una obra perfectamente ejecutada... y, sin embargo, sin calor.